Este es el décimo año que envio una tarjeta como esta. Habrán algunos que las han recibido todas. Otros, las estarán recibiendo en los últimos años. Y los menos, pero no por ello menos importantes, la recibirán por primera vez.Este proceso de envio de tarjeta comienza cuando me “obligo” a mi mismo a pensar de qué voy a escribir este año. Creo saber de lo que no tengo que escribir. No caben temas que desunan, temas negativos. Todo lo contrario… algo que nos relacione, tanto a mi con ustedes como entre ustedes mismos. No debo dar lecciones, aunque debo reconocer que creo haber tratado. No debo ser demasiado “autorreferente”. Difícil, porque la idea es expresar mis vivencias y contarles de qué manera tales vivencias aportan a la amistad y a esbozar un pensamiento, o mejor aún, un sentimiento positivo al final de cada año (para leer vivencias “ajenas“, verdaderas o inventadas, están las cadenas de email). Definido el tema, debo decidir a quién se la envio. Fácil, en la mayoría de los casos. Los clásicos de siempre, los que la esperan... se las envio sin duda alguna. Y si tengo dudas, me los imagino abriendo y leyendo la tarjeta. Si me los logro imaginar con una sonrisa de “buena onda” en su cara, se las envio. Listo.
Luego comienza el proceso de actualización de información. No cae del cielo el hecho de mantener por ya 10 años una base de datos completita para enviarles estas tarjetas a todos ustedes. Con gusto me he esforzado cada fin de noviembre y principio de diciembre en averiguar dónde están mis amigos y mis parientes queridos. Saber si se han mudado y “retarlos” cuando no me han avisado. Tarea no fácil, pero entretenida, porque tengo buen motivo para aprovechar de saber de ustedes y de sus familias. Justo aquí llego al grano (estaba bueno ya).
Una buena amiga me describía como la “Agenda” del grupo. No es raro que me llamen pa’ pedirme números de teléfono o direcciones de amigos en común. No es raro, porque me he dedicado a mantener contactos… y parece que los demás lo saben. Pero, ¿por qué tanto?
Hace años leí un libro que se llama “Bridges Not Walls”. El libro trabajaba todos sus conceptos teóricos y prácticos bajo un supuesto: “La calidad de tu vida está directamente relacionada a la calidad de tus comunicaciones con otros”. Debe ser por esto mi necesidad de mantener tales contactos, porque ellos son el primer paso para establecer esas comunicaciones (estas tarjetas son sólo uno de muchos medios). Y si bien tales comunicaciones no siempre se dan, cuando las busco… normalmente las encuentro.
Y cuando no puedo encontrarlas, hay algo que me incomoda, que me deja tareas pendientes. Ejemplo: Kiko Obregón, un muy buen amigo chileno con quien estudie en Atlanta. Conoció a una alemana y se fue a vivir al viejo continente. Lo he buscado y no lo he podido encontrar. No me cabe la menor duda que cuando lo haga, la comunicación fluirá. ¿Después de tantos años?, se podrá preguntar alguno de ustedes… yo creo que si.
Hace unos días nos juntamos pa’ celebrar 25 años de salidos del colegio. Me reencontré con Homero, a quién no veía desde nuestra graduación… y fue como si fuese ayer. El tiempo parece que pasa en vano… cuando han habido buenas vibras, porque ellas permanecen. Habremos hablado de nuestras vidas sólo media hora después de un cuarto de siglo… y aunque obviamente no fue suficiente, ya tengo su número de teléfono y él tiene el mio. Ya hicimos contacto. Eso es lo importante. La comunicación llegará sola, a su debido tiempo. Al final, uno es producto de los sinceros contactos que establece con otros… y si esos contactos nos enriquecen… bienvenidos. Un buen día encontraré al Kiko.
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