05 diciembre 2000

1998 - Maleta de Mano

La gracia de las costumbres que uno mismo se “impone” es que deben cumplirse contra viento y marea. Una de las ellas es que todos los 12 de octubre, desde hace ya cuatro años, le tomo fotos a nuestros hijos y a nuestra casa. Todas esas fotos están en el mismo álbum, de manera de ver como van creciendo los niños año a año al igual que los árboles y plantas que nos rodean (la casa pareciera que se achica cada vez más).

La otra costumbre que también comencé hace cuatro años con “Mi Peineta Azul”, es la de enviar un saludo distinto de Navidad y Fin de Año. Razones de trabajo hicieron que esta tarjeta saliera del “horno” mucho más tarde de lo esperado.

Poco antes de mi vuelo de regreso a Chile, pensaba en qué cosas debería echar en mi maleta de mano (de esas que se llevan consigo) y qué debería echar en la maleta grande (esa que se va en el compartimiento de carga). Llegué a la sana conclusión que todo lo que es prescindible se debe echar en la maleta grande. Es decir, todo lo que es fácil de reemplazar y que, por tanto, no importa mucho si se pierde (ropa, algunos apuntes, libros y más ropa). Lo que lamentaría mucho si se perdiera, lo que es realmente imprescindible, lo debo echar en la maleta de mano (fotos, las cartitas de mis hijos, mi trofeo de racquetball, un libro de pinturas de Norman Rockwell y otro de fotos de LIFE, mis diskettes, mis lentes de repuesto, ese CD que buscaba hace años y mis cartas al Director).

Pensaba que este mismo concepto se puede usar cuando tengo uno de esos días grises llenos de preocupaciones. Agarro mis dos maletas. Selecciono cuidadosamente qué meter en la de mano, ya que su tamaño me impide empacar muchas cosas. Así, sólo empaco lo que realmente vale la pena tener presente, aquello por lo que es importante preocuparse y que requiere mi atención inmediata. En la grande meto todo lo demás, todo lo que es superficial, todo lo que se puede perder en algún aeropuerto del mundo. Y si se llenan ambas maletas y aún tengo pequeñas preocupaciones pendientes, estas sencillamente no merecen ser empacadas.

De la maleta de mano me preocupo yo, cuidando que este a mi lado en todo momento. De la grande se pueden preocupar otros. Lo importante es no tener muchas maletas, ya que sino puedo terminar pagando “sobrepeso“… Hasta el final de este excelente año que comienza.

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