04 diciembre 2000

1997 - Papel de Regalo

Mientras abríamos los regalos en la última Navidad, Gladys me pidió que tratara de hacerlo de modo de poder darle “una segunda vida” a los papeles de regalo. Esto me hizo pensar lo qué sentirían tales papeles si efectivamente tuviesen vida propia. Sin duda que su propósito de vida sería envolver regalos y mantenerlos bien envueltos hasta que el feliz regalado los abriese. Si al abrirlos, se rompiera el papel, su vida terminaría ahí... sin más. En cambio, si se abrieran con cuidado, se les daría una nueva oportunidad de ser felices.

Esta locura de darle vida a las cosas materiales, más aún preguntarme por el propósito de su existencia, me ha hecho pensar en cómo sentirían muchas otras cosas que nos rodean. ¿Será más feliz un fósforo minuciosamente tallado encerrado de por vida en un tubito de vidrio, que otro que goza al ser prendido para dar comienzo a un buen asado (aunque con ello muera)? ¿Cómo se debe sentir un auto que pasa su vida estacionado? ¿Cómo se sentirán los pulmones cuyos dueños les dificultan llevar a cabo la tarea para lo cual fueron creados? ¿Cómo se sentirán todo esos juguetes abandonados en algún rincón sin que ningún niño sea feliz con ellos?

Irremediablemente, este análisis del propósito de los objetos desemboca en el cuestionamiento del fin último de nuestra propia existencia en este mundo. Si nuestra vida es un largo camino, me quedo con quienes piensan que la felicidad no está al final del sendero, sino que se logra mientras uno avanza. Y cuando el camino de la vida se ha tornado cuesta arriba, lleno de obstáculos y dificultades, me he dado cuenta que se necesita menos, mucho menos, para ser felices.

La felicidad debe ser el propósito final de nuestras vidas. De hecho es el sentimiento más recurrente que se desea para si mismo y para los seres queridos. Feliz Cumpleaños, Feliz Navidad, Feliz Año Nuevo, Feliz Matrimonio, Feliz Viaje y otros se pueden traducir en una sola Feliz Vida. Si hemos pasado por este mundo y no hemos hecho felices a otros, además de no habernos hecho felices a nosotros mismos, no hemos vivido una vida que valga la pena.

Me gusta la idea de tener la posibilidad de aportar gotitas extras de felicidad cada fin de año con líneas como estas. Si lo logro, estoy cumpliendo mi propósito de vida, y quizás ayudando a cumplir el tuyo. Hasta la próxima

No hay comentarios.: