01 diciembre 2000

1994 - Mi Peineta Azul

Un fin de semana de octubre del 94 fuímos a Antofa con Nano y Tato a un encuentro de ex-compañeros de carrera. Después de una grata tarde en la U y una mejor noche de conversación con buenos amigos que no veíamos hace tiempo, nos levantamos el sábado para continuar con nuestras actividades. Después de mi ducha de rigor, busqué mi peineta azul. Al no encontrarla, ocupé una negra que creo era de Nano.

En camino a la U me pregunté desde cuándo que tenía conmigo mi peineta azul. Cuando me casé, cinco años atrás, ya la tenía. También cuando estudie en Atlanta. Durante mis estudios en Antofagasta siempre estuvo conmigo, y hasta por ahí me acuerdo. Lo más probable es que mi viejita me la debe haber dado cuando me fuí de Santiago con destino Norte, es decir, marzo del 80. O sea, son casi 14 años que está conmigo. El período de mi vida que he vivido bajo techos que no los compartí con mis viejos. Toda mi vida.

Al principio me creí un poco rayado por darle tantas vueltas a la falta transitoria de mi peineta azul, ya que supuse que se me había quedado en mi casa. Pero después pensé, que uno generalmente no valora las cosas cuando las tiene, sino que lo hace cuando las pierde. Incluso aquellas cosas que no tienen más valor que el sentimental, pero que nos han acompañado en nuestro crecer, en nuestro vivir. Mi peineta azul me ha acompañado en todas; me ha peinado en días buenos y días malos, con sol, nublado o lloviendo. Pa' ir al trabajo y pa' ir a fiestas. Me ha peinado con calma y con prisa; alegre y enojado. Me ha peinado para dar bienvenidas a este mundo, como las de mis propios hijos, y me ha peinado para despedir, también transitoriamente, a un amigo de corazón que partió un martes de madrugada. Me ha peinado optimista, indiferente y pesimista. Me ha peinado en mil lugares distintos, ya sea sonriendo o llorando.

La analogía se volvio inevitable, y terminé relacionando a mi peineta azul con todos esos amigos que sé que están ahí, pero que poco los veo. Y me imaginé que si algún día, uno de ellos faltara, me lamentaría no haberle expresado mi amistad. Es ese el motivo de estas líneas. Volcar estos pensamientos al papel y hacerlos llegar a quienes me interesa que lleguen. Cada uno de ustedes son mis amigos y tan solo quiero expresarles ese sentimiento de amistad. Cada uno de ustedes, de las más variadas formas, han peinado estos últimos catorce años de mi vida, al igual que mi peineta azul.

Debe ser que el "azul" definitivamente es sinónimo de pasión y sentimiento.

No hay comentarios.: