07 diciembre 2000

2000 - Ha Llegado Carta

Hasta la semana pasada tenía 72 correos electrónicos sin abrir en el computador de mi casa. Me había puesto como límite no tener más de 50 sin leer, pero no lograba hacerme el tiempo para abrirlos. Hace unos días me puse en campaña y he logrado bajarlos a 35. Todo un logro, pero aún falta mucho.

Lo interesante es que este asunto de la conectividad global “al instante” no necesariamente significa mayor comunicación. De los 37 emails que abrí para ponerme al día no había ni uno solo, repito, ni uno solo, que hubiese debido ser abierto imperiosamente en el momento en que efectivamente me llegó. Es decir, la gran mayoría de los correos que nos llegan día a día son atemporales: si lo abrimos hoy o en un mes más, da lo mismo.

Obviamente, ya he aprendido cuáles son los que se deben abrir de inmediato, pero sin duda, son los menos. Y estos pocos, son los únicos que “comunican” algo, son los únicos en que el proceso se completa cuando es en ambas direcciones. Son los que requieren de mi atención y de mi pronta respuesta. Y si se dan cuenta, generalmente son los que tienen un sólo destinatario.

Todo lo anterior me llevó a pensar en lo exquisitamente rico que era recibir cartas de verdad. De esas cartas que se escribían en papel; papel que en muchos caso debía ser adecuadamente seleccionado dependiendo del tenor de la carta. De esas a las que se les dedicaban largas minutos e inclusive horas, muchas veces con la música apropiada de fondo. De esas que se llevaban al correo y que se les daba un beso de buena suerte. De esas que el día menos pensado, llegaban con el cartero. De esas que creaban gran expectación al tener el sobre cerrado en nuestras manos. Esas cartas comunicaban 100%.

Hoy en día, el cartero lo único que nos trae son cuentas todo el año, y más encima nos cobra por traerlas. Nadie lo espera como antaño. La gran excepción ocurre en diciembre cuando aún llegan cartas de seres queridos que desean comunicarse. Una de las grandes virtudes de las fiestas de fin de año es que nos dan una buena excusa para comunicarnos… cosa que en otra época del año resultaría “fuera de contexto”. ¿Ó no?

Ha llegado carta… me alegro por ello.

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