06 diciembre 2000

1999 - Cientos de Amigos

Llegó diciembre y aún no se me ocurría sobre que tema escribir este año, hasta que Gladys me comentó que en uno de los malls estaban dando un premio en que el ganador podía invitar a 100 amigos a una fiesta de fin de año en un hotel de lujo cercano. ¿Tendremos 100 amigos para invitar?, me preguntó… y me quedé pensando.

Se me vino inmediatamente a la cabeza un libro que leí llamado “Cómo vender cualquier cosa a cualquier persona” de Joe Girard (el mejor vendedor del mundo, según Guinness). Joe plantea “La Ley de los 250”, que en términos muy simples dice que cada uno de nosotros conoce en promedio 250 personas por nombre a quienes invitaríamos a nuestro matrimonio o nos despedirían en nuestro funeral.

Ya entonces me cuestioné si conocía por nombre a tantas personas. Puede que si, pero de ahí a tener 100 amigos, no sólo conocidos sino que amigos, para invitar a la fiesta de fin de milenio… no sé.

Durante mi vida he tenido mucho más que 100 amigos. Si los juntara a todos tendría que ganarme unos cuantos premios para invitarlos. Sin embargo, y aunque suene a cliché, la amistad es definitivamente como una flor que si no se riega de a dos, se seca. Del inmenso jardín que he tenido, siento que ahora van quedando unos racimos de pocas, pero muy lindas flores.

Y no es que quiera que sea así… “La amistad hay que practicarla”, me decía uno de mis amigos más queridos desde Iquique. Y debo reconocer que a veces yo no la he practicado aunque debiera. Y otras veces he esperado que otros la practiquen conmigo y no ha sucedido. Quizás tan sólo sea un proceso natural, un ciclo de vida que tienen las amistades, que luego de maduras tienden a secarse.

Igual me cuesta aceptarlo. Y ahora que lo pienso, debe ser por eso que cada vez que voy a enviar este saludo de fin de año, debo recorrer cuidadosamente los nombres de quienes les envié cartita el año pasado y decidir si esas flores aún tienen vida. Me cuesta dejar gente fuera, pero lo hago si veo la flor totalmente marchita. Este mensaje es una de mis maneras de regar mis flores año a año, con la firme esperanza de alimentar con un buen rocío a las que necesiten agua para volver a florecer.

¿Quién se apunta si me gano el premio?

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