Pensaba escribir de otro tema, sin embargo, la vida da algunas vueltas que la hace más interesante y me voy a dedicar a ello este fin de año.¿Se saben el cuento de la vaca? Tengo que reconocer que me lo contaron dos muy buenas amigas y les pido permiso para repetirlo aquí. Había una pareja en el campo que tenía una linda y rechoncha vaca. Ella feliz se dejaba ordeñar todos los días y a la familia nada le faltaba con tan maravilloso animal. Tenían leche de la buena con la cual se alimentaban. ¡¡Horror!! Un “mal” día se murió la “bendita” vaca. Se murió la fuente diaria de alimentos y seguridad. En su tristeza, a la pareja no le quedó más que ver el campo que tenían frente a ellos y que había servido sólo para que la vaca pastara. La tierra era buena al igual que el riego y se acordaron que tenían una semillas guardadas por allí. Claro, no le habían dado importancia alguna a las semillas, si tenían la famosa vaca. Pusieron manos a la obra y, olvidándose de la vaca más allá de su pena, se dedicaron a sembrar. Al tiempo, con mucho sudor y esfuerzo, el campo dio cosechas maravillosas.
Amigos... se murió mi vaca. Linda vaca la que tenía. Hace unos pocos días atrás la mataron, bien muerta. Y resulta que no me queda otra que mirar el campo que tengo frente a mi... y descubrir que tengo muchas semillas de experiencia, de conocimientos, de proyectos, de motivación, de ansias de disfrutar aún más el viaje. Las encontré en una despensa cerquita del alma, medio escondidas, pero allí estaban. Tengo las semillas, tengo el campo que es de tierra fértil, tengo buen riego y tengo la actitud y voluntad de arremangarme las mangas y ponerme a sembrar. Lo único que queda esperar es que después de tal esfuerzo, coseche bonito, muy bonito… y termine aplaudiendo que se haya muerto la vaca. “Que en paz descanses”… bendita vaca.
Esa es la primera parte. La alucinante, la esperanzadora, la motivadora, la soñadora, incluso la utópica. La segunda es la dura. Se murió la “maldita” vaca y no tengo claro qué diablos sembrar. ¿Qué será de mi sin la rechoncha y florida vaca mes a mes? ¿Qué será de mi?
Tengo un conocido que no podía vivir en confusión. No la aguantaba. No la soportaba. Cuando ella se comenzaba a acercar, la alejaba a palos. Hacia sahumerios y tomaba todas las decisiones que fuesen pertinentes para que la confusión no llegase ni siquiera a cenar… a quedarse a dormir, mucho menos. Y así se pasaba la vida, manteniendo a raya a la confusión. Claro que no le era tarea fácil, ya que le significaba un desgaste físico, mental y sobre todo emocional enorme. Pero no le importaba mucho eso y ni siquiera se daba cuenta, ya que la meta era lejos más importante que el disfrutar el viaje. La receta era mantener todo bajo control. Saber lo que ocurriría en el día, en la semana, en el mes y ojalá en el año. Si algo se desviaba de su curso “normal” (producto de algún viento confuso de por allí), tomaba rápidamente el timón y corregía el curso. Control sobre si mismo y control sobre los que lo rodean. Control incluso sobre su medio ambiente, sobre los astros, sobre lo todopoderoso y misterioso (combatiéndolo con escepticismo). Y obviamente, a pesar de que en el mundo si existen vientos confusos y amigos del caos, su tarea era hacerse cargo de que el control permaneciera incólume, inalterable, recto y estoico para asegurar lo que hubiese que asegurar. Para “garantizar” una vida sin mayores tropiezos.
Un buen día, se le ocurrió meterse a aprender con una gente media rara que parecían miembros de una secta y “Oh horror”, se comenzó a dar cuenta del gran desgaste que le significaba esto de “tener” todo bajo control. Aún más, se comenzó a dar cuenta que era bastante utópico e inútil esto de querer alinear hasta los astros en pos de su control. De hecho, una de las gurús de
esta casi secta lo mandó con tarea pa’ la casa. Llenar la tina con agua calientita echándole unas sales naturales, prender unas velitas, apagar las luces, escuchar una música ad-hoc a tan memorable ocasión y ponerse a remojo hasta que todas las partes externas del cuerpo estuviesen definitiva y suficientemente arrugadas de tanta agua. La tarea fue cumplida a cabalidad en su 1ra fase. Una vez salido del agua, la 2da fase era darse cuenta si el mundo había seguido girando con “suficiente control” a pesar de que él no estuvo a “cargo” por poco más de una hora. La respuesta cayó de madura: nadie había echado de menos su control. :-(
Bueno, a la larga, aprendió (aprendizaje que continua de por vida) que él no tiene la capacidad de alinear astros, de hacerse cargo de todo y de mantener la confusión fuera de su vida. Y claro, se hizo amigo de la confusión (que es compañera muchas veces inseparable de la ignorancia) y lo más lindo es que la aceptó, como el campesino aceptó que la “bendita” vaca había muerto sin llorarla mucho más. Ha cambiado este conocido, tanto que hoy se encarna en mi.
Entre vacas muertas, tierras fértiles, semillas por sembrar y vientos de confusión e ignorancia termina este año. Termina también en la aceptación de horizontes nuevos, vista al frente y ojos abiertos a las oportunidades que se puedan presentar y también crear.
No están completamente alineados los astros, pero hay un viento que sopla para allá y ciertamente puede que llegue la hora en que se alineen. Me huele a eso. Si ello ocurre no será porque alguien así lo haya decidido o tenga el control, sino porque inexorablemente para allá va. Y mientras eso ocurra, conviviré con la siembra y mi nueva amiga... la confusión.










