14 marzo 2012

Don Adolfo, quédese callado.

          
(Tiempo Aproximado de Lectura: 7 a 8 minutos)

Y el otorrinolaringólogo me dijo lo que nunca pensé que me podían decir.  

"Usted necesita guardar absoluto silencio por una semana"

"¿Por una semana?" Le pregunté e inmediatamente me "auto pregunté" cuándo exactamente debía comenzar ese silencio. Él no me respondió hablando, sino moviendo su cabeza de arriba hacia abajo, como invitándo a acostúmbrame a no decir más palabras. Y pensé: "A mí, Adolfo Valderrama Porter, que generalmente estoy generalmente hablando, me acaban de ordenar quedarme definitivamente callado". Uff... ¡Qué pedazo de desafio!

Ya hace rato que andaba con algunas molestias en la garganta, que creo que se acentuaron en mi ida a Monterrey, México en el mes de enero, en que junto a Adela, Rosa y Pablo de Chile, Cristi de Colombia y Martín de Argentina fuimos a conocer en “vivo y en directo” el comienzo de la tercera generación del proyecto de Coaching de  Sociedad “Cambio Yo, Cambia México”. Nuestra anfitriona fue Rosa Elva Garcia, “regiomontana” de corazón, que después de arduas y entretenidas sesiones de trabajo, nos invitaba a Karaokes donde se cantan rancheras de verdad, de esas “corta venas”, tipo “Te quedo grande la yegua y a mi me faltó jinete”. Y obvio, para dejar bien el país… esforcé las cuerdas vocales más de lo debido. Este pudo haber sido el agravante. La causa más probable es una técnica no óptima al hablar frente a otros, sobre todo en talleres… que es donde me gano entretenidamente la vida. O sea… complica’ la cuestión.

Bueno. Sea cual fuese la causa, el doctor me abrió la boca, me hecho una anestesia del verbo mala, asquerosa… esperamos unos minutos… y metió un instrumento con el que pudo ver que tenía un pequeño pólipo en una de las cuerdas vocales que estaba produciendo esta molestia. La orden de quedarme callado era requerida, ya que un mayor daño de la zona, podría significar terminar con una operación, igualita a la que tuvo que hacerse Adele (la cantante inglesa). Ella, claro está, tiene un colchón en Euros (miles de discos vendidos) un poquito más grande del que tengo yo, para quedarse callada todo el tiempo que requiera la recuperación. Así que eso que me operen puede estar complicado. Orden recibida y a quedarme callado se ha dicho.

Y callado comencé a observar situaciones que hablando no veía. Vi, por ejemplo, lo incomoda que se pone la gente cuando les decía que no podía hablar, poniendo un dedo en mi boca y luego el mismo dedo apuntándome a mí mismo. Me miraban como bicho raro inmediatamente… me imagino que preguntándose “¿y cómo diablos quiere que le entienda si no me puede hablar?”. Entonces sacaba lápiz y papel y escribía lo que necesitaba de ellos. Y cómo hablo, escribo… o sea, muy rápido, lo que a veces hacía que mi letra fuera muy parecida a la mayoría de los doctores… o sea, ilegible. Entonces, cuando veía que la persona empezaba a poner caras raras al leer lo que había escrito, les hacia un gesto con la mano abierta cómo diciéndole que me esperara, y escribía de nuevo, más leeeeeento. Y allí, la persona volvía a leer y me levantaba el pulgar como señal de recepción del mensaje.

Una de las cosas que me di cuenta rápidamente fue que cuando una persona que no habla se comunica con una que habla, se produce un principio de “conmutatividad empática” (por definirla de alguna manera). En el ejemplo que di en el párrafo anterior, la persona al poder leer bien lo que escribí, perfectamente me podría haber dicho en voz alta, “ah, ahora entendí”. Pero no. En cambio, me levantó el pulgar como señal de “ah, ahora entendí”. Algo similar me pasó en la farmacia cuando fui a comprar los remedios que me dio el doctor. Le mostré la receta a la niña que atendía, y le escribí sobre la misma receta “¿Me puede decir los precios, por favor?”. Ella agarró la receta, se fue para adentro y volvió con el par de remedios y a continuación escribió los precios al lado del nombre de cada remedio… y con una cara de gentileza suprema me pasó la receta médica sin mencionar palabra alguna.  Yo la quedé mirando con cara de extrañeza, porque ella me podría haber dicho los precios… pero no, me los escribió. Me imagino que ello ocurre porque mucha gente debe pensar que si soy mudo, debo ser sordo… qué sé yo. 

También me pasó cuando fui a echarle gasolina al auto. Me bajé del auto, me dirigí a la máquina misma y apunte a la manguera de 95 y le hice un señal al bombero con mi mano que me lo llenara, poniéndola levemente por sobre mi cabeza. El bombero entendió perfecto y me lo repitió con palabras para que se lo confirmase: ¿Lleno 95? Si, afirme yo con mi cabeza moviéndola de arriba hacia abajo. Perfecto todo. A la hora de pagar, el bombero me pregunta, “¿paga con efectivo o con tarjeta?”. Lo divertido es que mientras pronunciaba “efectivo” movía los dedos como se hace para mostrar billetes y mientras pronuncia “tarjeta” movía la mano de arriba abajo como si tuviera efectivamente una tarjeta en la mano y la pasara por el dispositivo para procesar el pago. Te invito a leer nuevamente la frase ¿paga con efectivo o con tarjeta? y mueve tus dedos y tu mano como lo hizo el bombero. Rara la cuestión. Mi sonrisa no pudo ser mayor… y le respondí con el mismo movimiento de mano de estar procesando la tarjeta de crédito. Procesada la tarjeta, le di propina, a lo que respondió con unas gracias mientras me cerraba el ojo (bien intencionadamente, supongo). “Está entretenida esta cuestión”, pensé.

Hubo muchas personas que no me escribieron como la niña de la farmacia, ni utilizaron las manos como el bombero. Sin embargo, lo que si hicieron mientras yo les escribía lo que requería de ellos, fue hablarme des-pa-ci-to (es decir muy leeeeeeeeeento). Cómo si mi estado de no poder hablar estuviese asociado a no poder escuchar si me hablan a una velocidad normal. Entonces, yo mudo, ¿escucho supuestamente mejor si me hablan más l-e-n-t-o? Na´que ver. Rara la cuestión nuevamente, sin ni una lógica. Y, me tuve que aguantar la risa en un par de ocasiones. Igual valoro que hayan tenido esa consideración… aunque, repito, ni una lógica.

Esto del lápiz y el papel me hizo darme cuenta de muchas otras cosas también. Por ejemplo, me percaté que cuando estaba con más de una persona a la vez, llevar conversaciones paralelas era un verdadero desafío. Tenía que escribir preocupado de dos… lo que era definitivamente difícil de seguir incluso por ellos, porque no sabían qué respuesta escrita era para quién.  Cuando todos hablamos se puede llevar esa conversación más fácilmente, aunque pensándolo bien, no son conversaciones muy efectivas, porque hay uno que siempre está en pausa, siendo prioritaria la conversación con el otro. Es cómo estar llevando dos conversas a medias, dejando intermitentemente, a alguien en espera.

La segunda noche en que estaba en este régimen de silencio, salimos a comer con Coni y dos amigos más, uno de ellos extranjero que estaba de paso por Chile, por lo que ameritaba estar presente a pesar de mi silencio oral.  “Conversé” toda la noche escribiendo en mi libretita de notas. Y allí me di cuenta que bajo este esquema efectivamente podía tener conversaciones privadas con otro. Le podía escribir algo que sólo esa persona podía leer, y al responderme, sobre todo si la respuesta era con monosílabas como SI o NO, todos los demás quedaban fuera de la conversa. Poderoso el asunto. Cuando todos pueden hablar eso no sucede (o al menos no debería suceder), ya que no abrimos conversas privadas frente a terceros si no queremos que las escuchen.

Otro “alcachofazo” que me pegué fue que tuve que poner prioridad en que quería y/o debía decir. Como la escritura es considerablemente más lenta que las palabras habladas, simplemente no podía seguir el ritmo de las conversaciones que se llevaban a cabo a mí alrededor. Entonces, si iba a “hablar” escribiendo tenía que reflexionar qué era lo más relevante para hacerme “escuchar”. Así, comencé a ponerle un filtro de calidad a lo que escribía y a las conversaciones que deseaba abrir. Ya no tenía los recursos para decir TODO lo que quisiera.

Además me di cuenta de lo mucho que habla la gente… pucha que habla la gente y a veces habla sin tener la necesidad de hablar, es como que no pensaran (pensáramos) en lo que aportan con tal o cual “hablar”. 

Por último, lo otro que observe es que personas con las que habitualmente conversamos mucho, se ponían entre nerviosas y ansiosas con mi silencio. Claro, al yo no poder hablar, la otra persona tenía dos alternativas. Una, hablárselo todo de modo de suplir la mitad que yo no hablaba ahora. Lo que de por si es bastante incómodo, porque es una conversa con retroalimentación muy limitada. Y la segunda alternativa, quedarse callada, lo que también significaba un reto, un desafío para una persona que no está acostumbrada a esos espacios de silencio con otro. Y recuerdo que una amiga, en relación a esto, me hizo ver lo relevante y significativo que es que las relaciones también se sustenten en los silencios, en los espacios en que no existan palabras. Digno de reflexionarlo.

Fueron días interesantes. Fui, de verdad, otro observador de mi entorno. Y si bien puede sonar a una perogrullada, la única manera de darme cuenta de todo lo que me di cuenta era estando en silencio… es decir, escuchando. Tengo que reconocer, después de esta experiencia, que existe un espacio diferente, contemplador y reflexivo que se abrió desde el silencio, pero no desde el silencio conmigo mismo solamente, sino con el silencio en presencia de otros. Durante esos días, de alguna manera, estuve más conmigo mismo aún estando con otros, y me gustó… fíjense.

Adolfo

Ps. A los que le gusten las rancheras cantadas por mujeres bravas, les recomiendo definitivamente "Te quedó grande la Yegua". Para escucharla, haz click en la "x".
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5 comentarios:

Anónimo dijo...

:)

laura gonzalez dijo...

me rei con ganas con tus letras querido , escribes tan bien que podia participar en todas las situaciones que describes..buena experiencia , creo que lo hare como ejercicio quizas por un dia completo , agregandolo al ejercico que hago a diario 30 minutos de hacer todo con la mano izquierda y los sabados por dos horas "hago" con los ojos tapados. te mando un abrazo , ya tu sabes ! aveces hablamos para no decir!!!!

Natacha dijo...

Adolfo
¡tan reflexivo y original! me entretienen tus detalles y descubrimientos de situaciones tan diarias, tan de la vida y a las cuales les sacas tantos detalles y pensamientos interesantes.
(no sé si me estás comentando en serio o es otra de tus "reflexiones al cierre"). Un abrazo, gracias por comunicarte.

Anónimo dijo...

Muy buena tu experiencia Adolfo. Definitivamente fuiste capaz de transmitirme toda tu vivencia. Las observaciones sobre lo que hacemos cuando encontramos a alguien que no habla, me harán la próxima vez preguntarle si escucha, ya que también tenía asociado en mi cerebro el sordomudo.

Un abrazo

Sandra

Anónimo dijo...

Definitivamente debieras escribir un libro que recopile todas tus reflexiones.
Me encanta como escribres!!.-

Un abrazo, Fito.-

Janina,.