27 diciembre 2011

Chuta... me pillaron.

(Tiempo aproximado de lectura: 6 minutos)


"Su atención por favor. Señor Adolfo Valderrama, por favor acercarse de inmediato a la puerta número tres. Señor Adolfo Valderrama. Se le espera en puerta número 3. Gracias."

“Chuta... me pillaron”

Eso fue lo primero que se me ocurrió al escuchar mi nombre (dos veces) en los altoparlantes del aeropuerto de Copiapó. Ya llevaba 17 minutos parado en la cola de embarque del avión, que de por sí ya era una eternidad. Tengo que reconocer que no soy un tipo muy paciente y estar parado más de 5 minutos en una fila me produce una sensación semejante a un claustrofóbico encerrado en un ascensor.

¿Dirigirse inmediatamente a la puerta n°3? ¿Cuál es la diferencia entre una orden y un pedido? Recordé a mi amigo Roberto Morales, que una vez estuvimos hablando de aquello. La orden es un pedido que no puedes refutar, no puedes no dejar de acceder, tienes si o si que cumplir con él. Bueno… siempre se puede dejar de obedecer. Sin embargo, tiene que ver con el apego a lo formal, a lo convencional, a lo “correcto”. Cómo también tiene que ver con evaluar las consecuencias de no aceptar el pedido, incluso en caso en que tu sobrevivencia puede estar en juego. En mi caso, podría haber dejado de ir a la puerta n° 3. Total nadie en la fila (ni en la sala de embarque) sabía que yo era Adolfo Valderrama, probablemente ni siquiera quienes me estaban llamando. O sea, nadie podía decir “Oye… ese tipo de allá es Adolfo Valderrama, al que están llamando para que vaya a la puerta n° 3 y se está negando a ir”.

Así las cosas… la decisión era ir a la puerta n° 3 o hacerme el desentendido, o cómo se  dice en Chilito… hacerme el reverendo “weon”. Decidí ir. Y mientras comenzaba a caminar hacia la puerta n° 3, se me vinieron a la mente dos cuestionamientos. Primero, ¿tendré que decirles a los caballeros que están delante y detrás en la fila, que voy y vuelvo y que me “reserven” el espacio? Y segundo, absolutamente relacionado al primer cuestionamiento, ¿Chuta… en qué me pillaron? Dependiendo de la gravedad de la “pillada”, quizás ya no tenga que volver a la fila.

¿Y en qué me podrían haber pillado?
  • A veeeeeer… de pronto me pillaron que llevaba un cortaúñas en la mochila del computador que no logró detectar el escáner a la primera.
  • O que no le di propina a la comadre que me sirvió una cerveza en el pésimo bar-restaurant del segundo piso del aeropuerto.
  • O que no cerré suave la puerta del taxi en que decía que por favor cerrara suave.
  • O que me traje todos los jabones y shampoo del hotel.
  • O que también me traje esa toallita de mano que me imagino que no es para traérsela.
  • O que tire muy conscientemente papel higiénico en el WC cuando, no sé porque norma o ley de la República no promulgada, está estrictamente prohibido hacerlo.
  • O que pase a un baño mixto y no baje la tapa del WC después que hice pichi.
  • O que pase por una caja exprés del supermercado con 11 productos, cuando la norma dice sólo 10.
  • O que en la misma caja no le di ni cien pesos al que metió los 11 productos en bolsas (porque no tenía monedas y pagué con tarjeta).
  • O que me imagine a la mujer del ascensor en bikini… y luego, me la imagine sin bikini.
  • O que he visitado páginas “NSFW” en la web.
  • O que no aporte ni un peso a la Teletón este año.
  • O que pasé una boleta en la Isapre por una consulta que de verdad no era lo que era, porque por la verdadera consulta la Isapre no paga nada de nada. ¿Se entiende?
  • O que le di un descuento adicional a una amiga en el Taller de Colores, descuento que no le di a la amiga de mi amiga.
  • O que igual me alegré cuando Cobreloa eliminó al Colo (como me imagino que se alegrarán los colocolinos si Cobreloa nos gana el jueves)
  • O que de los muchos “amigos” que tengo en el Facebook, muchos no son tan “amigos”.
  • O que a veces no he respondido al chateo de amigos, aún estando ahí presente.
  • O que he abrazado poco este año a mis verdaderos amigos.
  • O que he añorado más sobremesas conversadas.
  • O que aún no me he hecho el tiempo para el vinito con mi primo Leo, ni con mi amigo Carlos.
  • O que sigo guardando buenos vinos para abrirlos en esas sobremesas conversadas.
  • O que me he cuestionado si estaré haciendo bien al trabajar con tal o cual cliente.
  • O que he deseado mandar a la “punta del cerro” a más de algún participante durante mis talleres.
  • O que estoy perdiendo la esperanza en que en nuestro país nos podamos escuchar cuando pensamos diferente.
  • O que no les he dicho de frente a quienes enarbolan banderas de derechos y libertades, que no les creo nada cuando descalifican abiertamente a quienes no piensan como ellos.
  • O que por más que trato de confiar en las “instituciones”, ellas mismas me demuestras con fundamentos que no tengo que confiar en ellas.
  • O que he hecho tantas cosas a la vez, que no termino de hacer las que tengo que hacer.
  • O que he hecho tantas cosas a la vez, que no termino de hacer las que quiero hacer.
  • O que he escrito en mi mente muchas más entradas de Blog de las que realmente he escrito.
  • O que he tomado muy en serio situaciones que no había que tomarlos tan en serio.
  • O que no he controlado mi temperamento. 
  • O que me he preocupado más de lo que debiera de lo que otros pudiesen pensar.
  • O que no le he hecho caso a mis “fuentes confiables”, a mi poderosa intuición.
  • O que me ha dominado el miedo, no dejando que me mueva para ningún lado.
  • O que en ocasiones el fin si ha justificado el medio… y el miedo.
  • O que no he dado el siguiente paso, por temor a soltar ese pasado.
  • O que no he sabido imaginarme el hacer familia desde otro lado.
  • O que no he abierto suficientes conversaciones con mis hijos, mis maravillosos hijos.
  • O que no les he agradecido suficiente a mi madre y a mi padre. 
  • O que me he culpado solito de culpas que no son sólo mías.
  • O que he elaborado mentalmente excusas de “formas” que pudiesen explicar lo inexplicable, y que no llegan por ninguna parte al “fondo” del asunto.
  • O que he desconocido que “el corazón tiene razones que la razón no entiendo”.
  • O que no le he hecho caso a mi cuerpo, a lo sincero y honesto que ha sido en darme pistas que me decían que iba por mal camino.
  • O que no he sido coherente, sobre todo con mi corazón.
  • O que me traicionado a mí mismo… y me hecho el tonto al hacerlo.
  • O que, sencillamente, he descuidado mi esencia… mi ser.
Llegué finalmente a la puerta número 3 y una señorita con una amplia sonrisa me pregunta: ¿Es usted el Sr. Adolfo Valderrama? “Si”, le respondo… haciéndome cargo de la “responsabilidad” que significaba ser Adolfo Valderrama en ese momento, no teniendo idea en lo que me habían pillado.

"Ahh… que bueno. Queríamos entregarle su carnet de identidad que se le quedó en el “counter” cuando se chequeó para el vuelo”

Plop… o sea, definitivamente ellos NO me pillaron en nada de nada. 
Y yo… ufff... me pillé a mi mismo en una que otra cosilla. Por algo será.
Pareciera que nada en la vida es casualidad.

Adolfo

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