24 julio 2010

La misteriosa relación entre Interacciones Humanas y Ventanas de Windows.

(Tiempo aproximado de lectura: 7 minutos)
Estando en Bogotá a comienzos de marzo de este año, me di el gusto de caminar todo el Parque del Virrey con mi cámara fotográfica en mano… capturando instantes ajenos… que ahora son también míos. Mientras andaba en estos quehaceres, me puse a reflexionar sobre lo ocurrido en los cinco días del Laboratorio de Interacciones Humanas al que había asistido. Me es muy difícil lograr explicar lo vivido. Es del tipo de experiencias que no se explican, sólo se viven. Si traemos el Laboratorio a Chile, les recomiendo encarecidamente que se lo vivan. (Punto a parte).

El maldito computador se quedo pegado (él que no me robaron). No avanza ni retrocede. El mouse no funciona. La lucecita que muestra que el disco duro está trabajando como loco, me hace señas, así silenciosamente. No vocifera para nada y me imagino que quiere gritar, pero no puede. Veo que está llegando justo al punto de tratar de rescatar lo posible y así volver a la “normalidad" o de quedarse pegado para siempre,
no habiendo más alternativa que el reinicio "duro". Creo escuchar al computador pedir desesperadamente, algo así como: “Por favor… libérenme… reinícienme... no doy más… es demasiada la carga y no me la puedo... por favor ayúdenme… ¿no ven que estoy sufriendo?... reinícienme”. Me recuerda a ese hombre que hace poco descubrieron que no estaba en coma y que llevaba años tratando de mover una ceja, estando consciente de todo a su alrededor, pero siendo incapaz de darlo a conocer. Bueno, al menos acá hay una luz que algo me está tratando de decir.

Cuando me detengo a mirar la pantalla del computador, me doy cuenta de la cantidad de ventanas abiertas que tengo. Skype con ventanitas abiertas por doquier… unas neutras y otras naranjas que estaban titilantes hace un rato atrás. Y ahí las conversaciones tienen prioridades: unas las respondo “altiro”, otras las dejo pendientes (como suspendidas en el tiempo y en el espacio) y no me intranquiliza, porque siento que la contraparte hace lo mismo y no se urge, Y van quedando ahí… consumiendo energía del procesador.

Facebook también abierto con la “necesidad imperiosa” de saberlo todo ya… de estar al tanto que tal persona salió de la reunión ejecutiva y fue al baño… y no había papel... y se tardó en llegar de nuevo a su reunión… (todo esto en tiempo real). O que el "Comandante" está pensando en darle una oportunidad muy pequeña a Tatán, pequeña. O que me invitan a unirme al grupo de los que apuestan que pueden encontrar más de 10.000 personas que se han quedado con la propina cuando nadie los ve.


El correo electrónico es aún más “decidor”. Varias ventanas abiertas con temas pendientes, unos más serios que otros. Están los urgentes e importantes, los que se deberían responder de inmediato y no necesariamente se responden. Están los importantes pero no urgentes, que igual no los respondo por dejarlos en “baño Maria” y de pronto se resuelven solos. Están los correos de cadenas que a veces (las menos) son suficientemente entretenidos o sorprendentes para abrirlos y reenviarlos, y ahí quedan, en ventana abierta, hasta que "tenga tiempo" de leerlo (y yo mismo enseño que el tiempo no se tiene, se hace). Y así sigo sumando y sumando para llegar al punto que ya el computador no de más. Planillas Excel con sumas a medio camino, archivos Word, diseño de PPT, imágenes y mp3. Y para tranquilizarme ante tanta cosa abierta, comienzo a minimizar ventanas, mientras pienso que el computador se debe decir… “¿a quién estará tratando de engañar este w…?”. No hay como el pobre artefacto no se quede petrificado.


Y hasta acá me imagino que se preguntará qué diablos tiene que ver esto con las Interacciones Humanas. La metáfora no es menor para mí: ¿Cuántas ventanas abiertas mantengo en mi vida? ¿Cuántas mantengo minimizadas esperando que las tareas y responsabilidades que tengo con otros y conmigo mismo se solucionen como por arte de magia? ¿Qué tan a menudo me hago el tonto ante ellas? ¿Qué tanta energía me consumen?

Aprendí en el Laboratorio de Interacciones Humanas, en que estuve en marzo en Colombia, que nosotros los seres humanos mantenemos más “ventanas abiertas” de las necesarias. La verdad es que no lo “aprendí”, sino que “tomé conciencia” de ello, ya que el verdadero aprendizaje vendrá cuando yo mismo comience a cerrar las ventanas innecesariamente abiertas, esas que finalmente terminan dañando “mi sistema operativo". Muchas veces, más de lo aconsejable, no soy capaz de cerrar cada tema en el momento adecuado y con la persona adecuada. Cuando me dicen algo que me impacta negativamente, algo que me hiere, no he sido capaz de decirle a tal persona que eso que me acaba de decir me provoca una emoción que no me es agradable. Y me quedo con esa emoción desagradable aquí dentro, la trato de ocultar, de enterrar, pero es una emoción viva… y enterrar emociones negativas vivas es finalmente nefasto. Es como una ventana de Windows que al momento del suceso está maximizada al 100% , pero que luego de ocurrido y al no actuar, no soy capaz de cerrarla... sólo la minimizo. Y allí está consumiendo mi energía. En ocasiones la vuelvo a abrir por completo cuando se toca el tema nuevamente… y si no lo resuelvo, la vuelvo a minimizar con mayor información, es decir, consumiendo más memoria aún.

Y no soy sólo "víctima" de las ventanas que no me esmero en cerrar. A veces soy el victimario. Muchas veces soy yo, a través de
mis dichos, mis actos, mis omisiones y mis silencios, quien ando abriendo ventanas, que sé que la otra persona no termina de cerrar. Y si bien, puede que piense (ingenuamente) que eso no afecta a mi “computador”, al final si lo hace, ya que estamos todos interconectados.

Y si este comportamiento de andar dejando ventanas propias y ajenas abiertas es dañino… ¿por qué será que lo hacemos? Si me apuran la respuesta, yo al menos creo que lo hago por miedo. Cuando dejo abierta una ventana propia producto de que alguien me impactó negativamente, tengo miedo de hacerme cargo de dicha situación, miedo de parecer conflictivo, miedo de escalar el tema a una situación aún mayor sobre-reaccionando con mi respuesta, miedo de mostrarme demasiado sensible ante asuntos que para la otra persona pueden ser irrelevantes. Miedo finalmente, de dañar esa amistad, ese viejo cariño, esa relación, cercana o ese nuevo amor que espera de mi. Al dejarla minimizada, quedo con la extraña sensación de la conversa no tenida, con la insatisfacción de no haberme hecho cargo de mi propio bienestar, que (de pronto) me dejé pasar a llevar, o que sencillamente me hice el "leso". Y eso no es gratis, porque definitivamente consume… consume energía, que muchas veces se vivencia en un zumbido de baja frecuencia que se pasea entre mis oídos, mi mente y mi corazón… como la luz desesperada del computador a punto de quedarse pegado por falta de memoria.


Me recordaron esta semana de una tarjeta que escribí hace un tiempo que se llamaba Relaciones Saldadas, y pensé, esto se trata de lo mismo… de la cotidianidad de saldar pequeñas cuentas conmigo y con quienes me importan en el día a día. Tengo aún algunas ventanas minimizadas que me siguen consumiendo mucha energía… conversas pendiente que finalmente tengo que re-abrir para luego cerrarlas, tengo disculpas que pedir por heridas que sé que produje, tengo cariño y amor que declarar… tengo “memoria” que liberar para no quedarme “pegado”, para disfrutar de este viaje.

6 comentarios:

Luzaly dijo...

Hola Adolfo:
Muy buena reflexión!!! Si nos pegáramos el alcachofazo un ratito antes, nuestra vida sería diferente...Ir cerrando círculos relacionales nos permite soltar las culpas, los miedos paralizantes y vivir más desahogados...Se trata de ATREVERSE SIN MIEDO...Al fin y al cabo el que nos vaya bien o mal, no nos estigmatiza porque se trata de estar bien con uno mismo y que esto se refleje externamente...EQUILIBRIO...
Un gran abrazo,
Aly

Unknown dijo...

Muy potente en contenido, y muy bien escrito
Me hizo mucho sentido

Mil gracias

Juan Vera dijo...

Notable, Adolfo, y de inmediato me voy al mail a cerrar una de mis ventanas innecesariamente abiertas.

Gracias

Juan

Rosa Elva dijo...

Amado Adolfo, estoy en Bogotá donde tu estuviste y "me provocó" caminar en el parque con tu cámara para captar y conservar la belleza que aqui se vive y se respira.
Las interacciones humanas, los miedos, las ventanas abiertas...las tengo ahi porque todavía hay algo que ver, algo se asoma mientas no se cierra...algo se aprende y se admira...
Me gustan tus reflexiones, las disfruto y siempre escucho tu voz leyendolas con ese tono chileno que tanto me evoca...gracias amigo, por ser y estar...desde esta bella Colombia te abraza tu amiga mexicana, espero vernos este año....besos.
Rosa Elva

Unknown dijo...

Leerte es un placer. Has podido describir una experiencia movilizadora y profunda casi indescriptible.

Y hace sentido, todo el sentido. y como pasamos tanto tiempo al frente de este computador, sin duda podremos, podré estar más atenta a que venntanas minimizo, dejo abiertas... están ahí consumiendo energia... y espero tomar acción más asertiva y rápida, ganándole por fin a la procastinación.

Marité dijo...

Es mucha la energía que desperdiciamos ...