eros, les habla el capitán para informarles que debido a una falla mecánica de un instrumento del avión que se encuentra congelado, no debiendo estarlo, más las condiciones meteorológicas reinantes en el aeropuerto de Aguascalientes, hemos decidido regresar a la Cuidad de México. Por su comprensión, muchas gracias”.“Conchaesumadre”… exclamé inmediatamente. Para dar un poco de contexto, les cuento mi arribo al aeropuerto del DF un par de horas atrás. El vuelo que originalmente era a las 18:35 horas, se mostraba en las pantallas de Salidas atrasado saliendo a las 19:10 horas, sin puerta (Gate) aún definida. Desde el taxi camino al aeropuerto, me había dado cuenta que existían una línea de aviones pequeños (muy aerodinámicos y bonitos ellos) que se llamaban Aeroméxico Connect. No era el típico avión Boeing o Airbus con que viajamos entre ciudades en nuestro Chile. Era considerablemente más pequeño. Y era así como se mostraba en pantalla, Aeroméxico Connect. Sentado por ahí cerca de una pantalla, veo que retrasaron el vuelo 10 minutos más y aún no definían la puerta. Ya estábamos saliendo a las 19:20 horas. Si el vuelo hubiese salido en itinerario original, a las 19:40 hubiésemos estado llegando a Aguascalientes, es decir el vuelo duraba alrededor de una hora. Finalmente, avisaron que la puerta era la 75. Para ya los pasos. Ya a punto de embarcar, nos avisan que ahora nos debíamos ir a la puerta 73. Los mexicanos, como los brasileños, hacen todo grande. Imagínense… aeropuerto con al menos 75 puertas de embarque. Partimos entonces a la 73. Finalmente, comenzamos a embarcar a las 19:40 horas, una hora y cinco minutos de atraso.
A pesar de ser un avión pequeño, de esos que se llegan en buses, abordamos con manga. Entrando al avión me di cuenta que era de esos que tienen una fila apegada a la ventana, pasillo y luego un asiento en pasillo y otro en la otra ventana. Tres asientos por fila. Yo sentado en asiento 10B pasillo, sin ventana al lado. Me siento y curioso buscó el modelo del avión y su procedencia, esperando un avión gringo, francés, inglés, canadiense, qué se yo. EMBRAER 145. O sea… brasileño. ¿Brasileño? Chuta… esos gallos son buenos para la pelota, las caipiriñas, incluso para armar Audi, pero ¿aviones?
OK. Chileno en avión brasileño, muy atrasado camino a Aguascalientes, a una hora de vuelo en cielos mexicanos... cielos que por estos días han estado medio “movidos” con lluvias y tormentas no menores. Listo… partimos. Potente el chico con sus dos motores a propulsión en la cola (o sea, no es chico de hélices). A pesar de no estar en la ventana y dado lo estrecho del fuselaje, puedo ver por ambas ventanas en mis costados lo grandiosa que es Ciudad de México… como que no terminamos nunca de alejarnos de las luces. Kilómetros y kilómetros de casas, calles y luces. El mexicano que iba al lado mío, se queda dormido en un dos por tres. El vuelo va bien por todos lados. La azafata ya sirviendo bebidas, pasa por mi lado y me ofrece algo, a lo que le doy las gracias y un no. El caballero del lado ni se entera que pasaron con cervezas y mani gratis (comparado con American Airlines que te cobran 5 dólares por la cerveza gringa desabrida). Ya atendiendo la fila 8, suena el citófono de la azafata… camina unos pasos, lo contesta y veo que escucha y se sonríe. Y vuelve a seguir sirviendo las 8 filas que le faltan. Y ahí, justo ahí, después de al menos 30 minutos de vuelo, el piloto da el anuncio que menciono en el primer párrafo de este relato. Ufff…
De ahí en adelante… pensé literalmente cientos de cosas… muchas sin mucho sentido. Por ejemplo, pensé en el por qué sonrió la azafata cuando el piloto le dijo que nos devolvíamos. Pensé en lo entrenada, en lo bien entrenada, que debe estar ella para que en momentos de verdadero peligro, aún mantenga una sonrisa… y siga sirviendo cervezas gratis como si nada. El juicio del “peligro” obviamente es mío… y se funda en que nos devolvemos cuando llevamos más de la mitad del viaje. O sea, hasta de pronto tardamos menos en llegar a Aguascalientes que devolvernos al DF. También me huele a peligro (¿qué será de la Miriam, a todo esto?) que vayamos con un instrumento suficientemente congelado para tener que devolvernos. El aparato, artefacto o lo que sea, va congelado no importa si vamos para el norte o para el sur. Me suma aún más a ese peligro el hecho que hayamos salido tan atrasados, cuya justificación puede ser que el avión efectivamente estaba con problemas técnicos. Mientras ocurre todo esto… y mi cabeza se tiñe de peligros, el cuate del lado de la ventana va en el segundo sueño.
El avión gira suavemente y se dirige nuevamente al sur. Yo sigo con mis “sin sentidos”. Se me ocurre, por ejemplo, que el 23 de septiembre es el día de los inocentes en México y seguro toda la tripulación nos está jugando una broma… y que en realidad ese giro muy suave, nunca fue giro y vamos a aterrizar en una ratico en Aguascalientes. Al rato descartaría de lleno esta despelotada, pero esperanzadora idea.
Para más remate, no sé si efectivamente, o si mi percepción de peligro ultra sensibilizada, siento que el avión se mueve mucho más, que tiembla mucho más. ¿Para qué diablos servirá el instrumento que está congelado? ¿No será el que abre el tren de aterrizaje? También pienso en lo terrible que es ser tan observador… y tan bueno para hacerme películas. El de la otra ventana, tenía cara de preocupado, pero no lo suficiente para impedirle tomarse su cerveza (gratis) y su mani. Más adelante veo uno que sigue trabajando en una Excel. Y el cuate de mi lado… en el tercer sueño.
Inevitablemente, cuando mis viajes en aviones se “complican”, me da por acercarme a Dios. Si, lo sé. No es justo. Sólo me acuerdo de él... y lo convoco en las malas. Ahora, como EL es misericordioso, seguro me perdona por mi falta de contactos en las buenas. Tanto es mi nervio y ya mi angustia… que trato de rezar el Padre Nuestro. Para mi, la situación es tan dramática haya arriba a miles de pies de altura en un avión con un instrumento congelado, que trato incluso de rezar. Cuando los instrumentos de los humanos (brasileños en este caso, inspeccionado por mexicanos) fallan, es al menos tranquilizador acercarse a Dios. No prospera mucho mi Padre Nuestro… ya que el piloto vuelve a hablar por los parlantes de todo el avión.
“Tripulación, pasando los 10 mil pies”. Eso significa que ya estamos en franco descenso y que en unos cuantos minutos más aterrizaremos. En eso, gran sorpresa, se despierta el ciudadano del lado, no cachando absolutamente nada de nada de lo que ha ocurrido. Pienso si le cuento o no que estamos a punto de aterrizar de vuelta en el DF. Y mientras el avión desciende más y más, veo a este señor mirando fijamente por la ventana. Y me imagino lo que debe estar pensando al ver kilómetros y kilómetros de luces, casas, calles y autos… “oye… que ha crecido Aguascalientes”. Hasta me rio en silencio con la sola idea de lo confundido que debe estar. Es la dulce venganza de que no tuvo que vivir el anuncio maldito del instrumento congelado. Y paréntesis… ¿aún no me explico porque diablos el piloto nos tuvo que mencionar que el instrumento estaba congelado? Como diría un consultor, ¿qué valor agrega a nosotros, asustados pasajeros, esa información?
Mientras seguimos descendiendo, no aguanto más y le mencionó al señor del lado que nos estamos devolviendo a la capital. Yo creo que no cachó nada lo que le dije… lo que es normal cuando un chileno nervioso le habla en “chileno nervioso” a un mexicano, más aún con oídos medios tapados. Sin embargo, este mexicano ni siquiera me dijo “¿Mande?”, que es lo que dicen los mexicanos cuando no entienden a los chilenos (nerviosos o no). Bueno, no me hago más problema… al menos traté.
El avión sigue descendido y finalmente aterriza, nada fuera de lo normal. Descarto entonces que el instrumento congelado fuese el que abría el tren de aterrizaje. Y mientras nos acercamos a la terminal 2 (que es relativamente nueva y está preciosa)… el caballero del lado ve Jumbos 747 de Luftansa y Boeing de American Airlines y Airbus de Air France. Y nuevamente me imagino que piensa… “Chuta (en su equivalente mexicano), que manera de tener movimiento el Aeropuerto Internacional de Aguascalientes”. Ahí ya le “cae el 20”. Se gira hacia mí y me pregunta… ¿Estamos de vuelta en Ciudad de México? Yo contesto un si moviendo mi cabeza, mientras en mi boca se me esboza una leve sonrisa.
Después de estar parados unos buenos minutos, como sin tener donde ir ya que no está programado nuestro regreso, comenzamos a avanzar al terminal, mientras la azafata nos dice que tendremos que bajarnos con todas nuestras pertenecías, ya que nos cambiaremos de avión. La señora que iba sentada en el asiento delante de mí le comenta a su compañero que siempre dicen que van a cambiar de avión… y efectivamente nunca los cambian. Uff, otra preocupación más en mi cabeza. Me bajo del avión y le veo la placa pintada en el fuselaje: XA-LIA.
Después de una hora y tanto más de espera, volvemos a embarcar. Y como lo hacemos por manga, no puedo ver si el avión es el mismo o no, ya que no se ve el fuselaje. Habrá que confiar… digo yo. ¿O no? Vuelo tranquilo esta vez, sin instrumentos congelados. Llegamos finalmente a Aguascalientes a las 23:30 horas, y lo único que quiero es tomarme una cerveza, ojala en un vaso… congelado.
En una película de Woody Alen, me acuerdo que un personaje definió Comedia como Tragedia más Tiempo. Eso es justo lo que este relato es… es añadirle tiempo a mi “tragedia” de aquella tarde, para convertirla en comedia.
Ah, casi se me olvidaba mencionar que el caballero de la ventana en el segundo viaje, NO pego pestaña.
3 comentarios:
Genial tu viaje!! Saludos
Excelente relato!!!! Me hiciste reír mucho y agradezco tu generosidad al compartir cómo inyectarle liviandad a la vida!!!
Adorado Adolfo, como te disfruté, pude escuchar tu acento chileno, tu
miedo y tmb me hiciste reir mucho, con tu gran sentido del humos para ver la tragedia como comedia, yo que le tengo miedo a los aviones en situaciones normales, no sé que hubiera hecho con tantas experiencias extremas...todo por no venir a MONTERREY!!! Era el destino, NO AGUASCALIENTES...amigo del alma, quiero verte este año, no sé como, pero una promesa...es una promesa, hagamos que pase y gracias a Dios que te escucha y te ama a pesar de lo malcriado que eres...te quiero mucho, brindo por tu vida...
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