02 abril 2010

Anoche me robaron mi notebook y ...

Anoche, camino al cumpleaños de una amiga, estacioné el auto en la calle lateral de Kennedy a la altura de la pasarela que atraviesa la avenida, con el fin de comprar una regalito en el Boulevard del Parque Arauco. Decidí no estacionarme en el mall porque ya iba a un tanto tarde. Me aseguré que el auto quedara bien cerrado y comencé a subir las escaleras para cruzar la pasarela. Me di cuenta que esta era la primera vez que cruzaba tal pasarela y reflexioné sobre lo distinto que se ve Kennedy desde allí, caminando en la altura, mientras los autos pasan todos a más de 100 km/hr. En medio de la pasarela, no pude dejar de fijarme en un letrerito que estaba pegado en la reja de protección, que mostraba una foto de un disco duro externo y tenía un texto que casi imploraba por si alguien lo había encontrado, que por favor se contactara con tal celular y que sería adecuadamente recompensando. "Pobre gallo", pensé. Debe haber perdido toda SU información relevante, quizás perdió lo que lo constituye como profesional en años de trabajo, quizás perdió fotografías que jamás podrá volver a tomar, quizás perdió una colección completa de música que le costó también años recopilar, quizás qué perdió. Me dio lastima.

El local donde quería comprar el regalito estaba cerrado, así que activé mentalmente el plan B, que era regalarle fotos, buenas fotos, con mi "súper" cámara digital, que tomaría a la gente que asistía al cumpleaños. Para ello, ante de salir de mi departamento, decidí llevar la cámara digital "reflex" con su zoom 100-300 más su lente normal de 50 mm., en el bolso que un día me prestó Joanna y que nunca le devolví. Y cómo sabía que tenía las dos tarjetas de memoria llena, decidí llevar mi computador nuevo (casi de paquete) para poder bajar las fotos del cumpleaños 50 de mi querida hermana Luzma y las del cumpleaños 40 de mi amiga Illary, y así liberar espacio para poder tomar estas nuevas fotos, que era mi regalo alternativo. Cuando me bajé del auto, decidí no llevar el computador conmigo, acción que hago el 90% de las veces, ya que volvía en 5, máximo 10 minutos. También decidí poner mi computador en la maleta para que no se viera, y decidí cubrir el bolso de la cámara que dejé detrás del asiento del piloto con una chaqueta azul marino que tenía allí. Lo otro que decidí fue no asegurar el computador en la maleta del auto con un cable que tengo para ese propósito, ya que la "vuelta" no me iba a tomar más de 5 minutos, a lo más, 10.

Camino de regreso al auto, vuelvo a ver el letrerito de suplica del gallo que se le perdió su disco duro externo (o que se lo robaron). Veo el auto de lejos y todo normal. Lo abro con el control remoto. Me subo y veo que en el asiento del copiloto hay una serie de cachureos que normalmente ando trayendo en el compartimiento que hay entre ambos asientos. Rara la cuestión. También veo que la guantera está abierta. Automáticamente hecho mi mano derecha para atrás, tratando de alcanzar el bolso de la cámara que "está" detrás de mi asiento y agarro sólo aire. No sé explicar lo que me vino a la mente. Ese mismo movimiento lo había hecho cientos de veces, y siempre estaba allí lo que había dejado allí. En esta oportunidad... NO. Pensé en mi computador, salí del auto y abría la maleta... y también había desaparecido. Que sensación más rara la que viví. Me enfrenté en ese preciso segundo a una realidad que no quería vivir. No quería ser robado... y ya había sido robado, en menos de 5 minutos. No sabía si golpear el techo con mis manos de pura rabia, ponerme a llorar, gritar con todas mis fuerzas, salir a buscar a no sé quien no sé donde, o irme pa' adentro. Me subí nuevamente al auto y me quedé por unos segundo petrificado... como decantando que efectiva y categóricamente hace menos de 6 minutos alguien o más de alguien se estaba dando el tiempo de hasta abrir la guantera y robarme los CDs de música, además de todo lo demás. Que rara sensación de sentirme "ultrajado"... de sentir que en este espacio que es mio... había habido alguien que su único deseo era tomar lo que no era suyo.

Puse mi auto en marcha... y con una tranquilidad increíble, me dirigí a la casa de la cumpleañera. Llegué y les conté lo que me había ocurrido. Después del abrazo de apoyo, que lo necesitaba, comencé a darme cuenta de mis pérdidas, más bien comencé a enumerar lo que efectivamente había perdido, casi como un "check list". Y surgió la conversa desde "el vaso medio lleno", o sea, nos pusimos a hablar de cuan peor pudo haber sido la situación. Por ejemplo, por ser nuevo el computador, recién la semana pasada había traspasado toda la información del viejo al nuevo, por lo que a lo más había perdido sólo una semana de "movimiento". Y allí me di cuenta que los presentes podían comenzar a hacer las preguntas que irremediablemente llevarían a cuestionar las decisiones que había tomado. Si claro, si hubiese decidido comprar el regalito antes, nada de esto hubiese ocurrido. Si claro, si hubiese decidido entrar y estacionarme en el Parque Arauco, nada de esto hubiese ocurrido. Si claro, si hubiese decido no tener que llegar si o si con un regalo, si no se me hubiese ocurrido el plan B como alternativa, si hubiese liberado las memorias antes, si hubiese asegurado el computador con el cable respectivo... nada de esto hubiese ocurrido. Soy... las decisiones que tomo... y ayer fui un Adolfo "robado", por las decisiones que tomé, sin más ni menos. Y si bien, los presentes fueron muy cuidadosos, no me quise ver enfrentado a tener que explicar mucho más y menos tener que responder sobre mis decisiones. Así que decidí irme a mi departamento. Necesitaba estar solo. Abrazo de despedida... y a casa.

¿Cómo se suelta algo así? ¿Cómo suelto el fruto de mis propias decisiones? ¿Cómo hago para no quedarme pegado en los caminos que elegí? "Objetivamente" la pérdida producto de mis decisiones "erradas" fue relativamente menor. Excepto los momentos que capturé fotográficamente de los cumpleaños de la Luzma y la Illary (que no se volverán a dar nunca más), todo lo demás es "hardware", o sea, con dinero se puede re-comprar.

Anoche, después de abrir un buen vino y tomarme un par de copas solo en mi departamento, me acosté pensando en ese padre que perdió a sus dos hijos menores en el Tsunami... quizás por una pequeña decisión que tomó bien-intencionada pero equivocadamente. Esa decisión lo constituirá el resto de su vida... y no le queda más que perdonarse.

A mi me salió muy barato... y para soltar... decidí perdonarme.