Hoy, último viernes del mes, me di cuenta que si existe algo que definitivamente nos constituye como chilenos es el mes de febrero. Es raro este mes. Cuando comienza no todos saben cuánto dura, si 28 o 29 días, y a la gran mayoría no le importa, ya que este es el mes en que nos olvidaremos en qué día “estamos viviendo”.Por otro lado es el único “mes no hábil” del año. Es el mes en que, a excepción de quienes trabajan en el rubro del turismo o alguna actividad proveedora de servicio para quienes veranean, la mayoría de los chilenos o no están trabajando o lo hacen a otro ritmo, a ooootroooo ritmo. El país en gran medida se paralizara. Nos ponemos en “pausa". Febrero es el mes que nos constituye en la gran familia que somos, en la familia que sale a veranear casi todos juntos, en que dicemos, sin decirlo, que no somos lo globalizados que nos creemos, ya que el resto del mundo sigue trabajando normalmente. Es el mes en que nos mostramos a nosotros mismos que seguimos siendo un pueblito… chiquitito así. Febrero es el mes en que todo funciona a medias… y está bien, porque lo aceptamos, porque no nos ponemos exigentes, porque podemos esperar sin mayores problemas “hasta que todo vuelva a la normalidad”.
En Santiago se ve, se vive, se palpa, se siente, se huele la diferencia. Es el mes en que es agradable manejar, ya que no hay tacos, excepto los ocasionados por los trabajos municipales ensanchando o arreglando avenidas (que me imagino son una mezcla de aprovechar la menor cantidad de gente circulando sumada a una instancia de marketing que luego publicitan para incentivar sacar la patente en la comuna que ha hecho más “manitos de gatos”). Es el mes en que es muy difícil conseguir reuniones con potenciales nuevos clientes. Eso sí, si consigues una reunión, lo más probable que sea más larga, ya que no andamos todavía a mil por hora. En la cobranza se ve definitivamente que es un mes “no hábil”. Cobrar una factura de diciembre o enero es casi imposible. “Fíjese que la persona que autoriza y/o firma el cheque está de vacaciones. Llame, por favor, la segunda semana de marzo, ya que veo difícil que la primera semana salga algún pago”. El lado positivo es que el mismo argumento puede ser dado para quien nos viene a cobrar las facturas impagas a nosotros.
Es también el mes falto de noticias relevantes. Los diputados, senadores y políticos en general están de vacaciones, veraneando revueltos por ahí en algún lago del sur o entre Papudo y Cachagua. Todas las decisiones se posponen, excepto cuando se aproxima cambio de gobierno, si y solo si, hay cambio de coalición política (lo que sucede poco), porque de lo contrario, las sorpresas no son muchas… ya que son los mismos de siempre que se barajan los cargos. Es el mes en que nos informamos en los noticieros centrales sobre la cantidad de argentinos y sobre todo… argentinas… que llegó a Reñaca.
Desde la segunda quincena hacia adelante, nos empezamos a preocupar de los artistas que vienen al festival de Viña. Es cuando los entendidos y los no tantos, argumentan que el formato del festival ya está “agotado”, que hay que cambiarlo, que es necesario renovarlo, que la calidad de los artistas es cada vez peor, que llegan los "elefantes a morir". Luego llega el festival y la farándula se apodera de todo, incluso de los primeros 20 minutos de Teletrece y 24 Hrs de TVN, dejando un par de minutos, eso sí, para hablar sobre la reunión de presidentes latinoamericanos en el Grupo de Rio. Se apodera de matutinos y vespertinos, de cuanto programa televisivo en vivo haya, para que se institucionalice el pelambre. Al final de cuentas es nuestro “carnaval”. La gran diferencia con otros países que si tienen carnaval, es que en este bailan unos pocos, mientras la gran mayoría solo observa. Es el mes en que, al menos yo, más agradezco las alternativas que nos da el cable. O aún mejor, el mes que más nos damos tiempo para leer.
Es también el mes en que se “institucionaliza” el que todo en este país comience tarde, y por tanto, todo termine tarde. Partiendo por el mismo Festival, que es un show de televisión que termina normalmente y sin ningún asco pasadito las 2:00 de la madrugada. Y hay quienes, aún trabajando al otro dia, se quedan hasta que le den la última gaviota de lo que sea, al artista de moda, sin preocuparse de que a las 6:30 sonará el despertador si o si. Y es curioso, porque ese mismo "permiso" de transnochar no nos lo damos si fuese el mes de marzo... sólo ocurre en febrero.
En mi semana de vacacione en La Serena lo viví personalmente esto de "lo tarde". Llamé a averiguar cuál era la hora más temprana para arrendar una cancha de racquetball. “A las 12:00 es la primera hora”. - Perdón, ¿cómo tan tarde? Me gustaría hacer ejercicio en la mañana, ¿no se puede antes?. - “Lo siento pero no se puede. Nosotros cerramos a las 2:00 de la mañana las canchas de baby y también tenemos que dormir. Las 12:00 es la primera hora, ¿la arrienda o no?”. A las 12:00 fue entonces.
Febrero es el mes en que nos damos permiso a ser chilenos (con la sola excepción de la semana del 18) y nos da lo mismo que los extranjeros del hemisferio norte no nos comprendan. Chile está de vacaciones.. ¿y qué? Tenemos un acuerdo implicito para vivirnos febrero como nos lo vivimos. Me pregunto si ocurrirá esto tan drásticamente en algún otro país del mundo.
Hoy, último viernes del mes, me dio por mirar el lunes que viene, el primer día del mes de marzo. Y me pasó que me sentí en el "limbo". Este es el fin de semana en el que todo cambia. Este es el domingo en que llega medio mundo de vuelta. En que los noticiarios centrales se gastan 10 minutos poniendo un grupo de reporteros en algún peaje cercano a la capital para que el capitán de turno nos “informe” que las autoridades de carreteras “hemos tomado todas las medidas necesarias para el retorno seguro de los veraneantes a sus hogares y nos satisface mencionar que todo está procediendo con absoluta normalidad”.
Quienes ya llevamos un tiempo en Santiago, este domingo también tendremos que pensar a qué hora ponemos el despertador el lunes, porque para cualquier lado que vayamos, ya no será lo mismo. Nos demoraremos si o si más que en el mismo recorrido de un día de febrero. Es el lunes en que ya nadie se acordará del festival, ni siquiera quienes dijeron que el formato estaba agotado, porque de nada sirvió (el próximo año volverán a decir lo mismo y nuevamente no habrá cambio alguno). Es el lunes en que los “pingüinos” volverán a poblar la cuidad, en que los supermercados se volverán a llenar con sus 6% de descuento en todos menos verduras, en que las filas de los bancos se harán más largas, en que los metros cuadrados de las micros y los carros del metro se harán más pequeños. Es el lunes en que nos volveremos a encontrar con nuestros compañeros de trabajo. En que nos contaremos cómo nos fue en ese lejano mes de febrero en la playa, campo o algún lago del sur. Y nos alegraremos mucho de estar con dotación nuevamente completa, no necesariamente por el cariño que nos tenemos, sino por no tener que reemplazar más al otro mientras el otro estaba de vacaciones.
Es también el lunes en que apuramos el trote y nos pondremos el cinturón de seguridad porque cambiaremos la velocidad del diario vivir. Es cuando el asunto comienza en serio. Este lunes cambiamos de estado de ánimo. El relajo se comienza a convertir en urgencia, en estrés, en llenarnos de todo. Es cuando los pendientes, los mismos que habían en febrero ahí "tranquilitos", pasan rápidamente a color rojo, a ser verdaderos pendientes. Es darle la bienvenida a los tacos… y a los gastos. Es cuando vuelven las cobranzas, las ventas, las visitas, las llamadas, los correos, las cuentas del nuevo mes, más las cuentas de lo vivido en el lejano y ya olvidado febrero.
Febrero y también enero son, a la larga, una prolongación de diciembre. En Chile, el año se acaba el 28 de febrero, y cada cuatro años, el día 29. En Chile, la “normalidad” de diciembre se “recupera” el 1 de marzo. Enero es una mezcla rara… y febrero es un paréntesis total en el “ser” de los chilenos, el mes “no hábil” con que termina el año. Este lunes comienza verdaderamente el año. Por eso estas líneas… sólo para desearles un muy FELIZ AÑO NUEVO… de corazón.
PS. Pensaba que el tiempo que me gocé escribiendo estas líneas no lo podría haber “gastado” el primer viernes de marzo. Sería una irresponsabilidad mía… con todo lo que ya habrá que hacer.