Que loco este mundo. Nos conocimos fue hace como... mmm... 27 años (¿1981 no?)... y al leer tus palabras, irremediablemente me traslade a ese momento y a ese lugar... viendo como un grupo de rubios caminaba por el Paseo Prat en Antofagasta. Allá, más de dos rubios o rubias juntos.. es 100% paseo de curso del "sur". Y cuando con mi amigo Tato pasamos por el medio de este grupo de "extranjeros"... mis ojos quedaron clavados en los ojos de Lorena. No sé si sabes la historia... te la cuento igual.
Le dije al Tato... yo conozco a esa niña. Obviamente no me creyó. Igual decidí seguirla, seguir a toda la patota, en la que tú también estabas. ¿Te acuerdas que caminaron como 10 cuadras hasta el Estadio Sokol? Y yo allí detrás no atreviéndome a acercarme... finalmente me acerqué... armándome de una valentía no usual en mi en esa época. Yo a tí te conozco, le dije. Ella me quedó mirando y me dijo: yo también a ti. Buen comienzo. No sabíamos de dónde, sin embargo, nos habíamos visto antes. ¿Tú eres de acá?, me preguntó. No. Soy de Santiago, solo que estudio acá. ¿Y en qué colegio estudiaste allá?. En el San Gabriel de Bilbao con Tobalaba, ¿y tú?. Yo estoy en el Colegio Aleman de Antonio Varas. Mmm... por ahí tampoco iba la cosa. ¿Y dónde vives en Santiago?, pregunté yo. En Colón 8.500. Ah... yo en Colón 7.300. Por ahí nos estabamos acercando. Claro que con doce cuadras de diferencia, igual complicado. Ambos nos quedamos pensando mirando al techo y luego mirandonos uno al otro. De pronto, abriendo sus ojos y esbozando una preciosa sonrisa, me dijo ¡YA! ¿Tu tienes un Fito blanco con una calcomanía super grande en el parabrisa? Mi sorpresa fue mayúscula, ya que efectivamente yo tenía mi Fiat 147 blanco con una gran calcomanía azul de ADIDAS en el frente. Si y ¿dónde me viste con mi auto? En el Almac de la rotonda Atenas, ¿te acuerdas? Y ahí se me aclaró todo. Ella y yo nos habíamos conocido cuando al cambiar de pasillos en el supermercado, chocamos nuestros respectivos carros. Nos quedamos mirando, sin decir nada, por más rato de lo normal. Ahí, justo ahí, nos conocimos. Despúes de ese encuentro, nos volvimos a ver unos meses más tarde en el mismo Almac, sin tampoco intercambiar palabras, solo miradas. Y un año más tarde, nos veníamos a re-conocer en el centro de Antofagasta.
Cuando se alinean los astros, nosotros los humanos no tenemos nada que hacer... si no seguir sus mandatos... y el mandato de ese día era conocer finalmente a la maravillosa Lorena, con quien nos habíamos gustado a "primera vista". Polola al principio... amiga del alma después, amiga querida... incondicional.
Raimar, no sabes la alegría de leer tus lineas... las vuelvo a leer ahora en mi casa y se me ponen llorosos los ojos... con sólo saber que dos personas prácticamente desconocidas en este mundo tiene un "alma en común". Para ti es tu hermana del alma... y para mi es mi amiga del alma. Cuando vuelvas a Chile... salimos los tres a almorzar o tomarnos una cerveza.
Un abrazo, Adolfo
___________________________________________________________________
Raimar vive en Viena. Hace un año y medio atrás nos "reencontramos" cuando les recordé a través de un email a los amigos en común que ella estaba de cumpleaños. Me escribió en esa oportunidad contándome que se acordaba perfectamente de mi, desde ese día en Antofagasta, a pesar que nunca más nos hemos vuelto a ver. Me sorprendieron sus lindas palabras y me sorprendió aún más el ver cómo dos personas que se han visto sólo una vez en sus vidas, logran un vínculo emocional fuerte a través de una persona en común. Bueno, no cualquier persona, sino que "la" Lorena Jiménez. Acá se hace carne con la mayor fuerza del mundo el dicho que dice: Los amigos de mis amigos, son mis amigos. Por eso le escribí esta carta que acaban de leer, con la esperanza que un día nos volveríamos a juntar los tres.
Los astros tenían otros planes. Lorena nos dejó este año. Nos dejó en paz y brindando la armonía, el entusiasmo y el encanto que irradió durante su vida. Ella es ahora una "sasha", personas que nos han dejado recientemente, y que aún viven en nuestras vidas, que alientan nuestras memorias, que las podemos visualizar mentalmente y sentir con nuestros corazones, que le podemos dar vida con nuestras relatos y recuerdos. Sasha Lorena, sigues viva en mi recuerdo. Te quiero mucho. Adolfo